Installing telecare, installing users: felicity conditions for the instauration of usership
Saved in:
Sánchez, T., et al., Installing telecare, installing users: felicity conditions for the instauration of usership. Science, Technology, & Human Values, vol. 39, n. 5, 2014, p. 694-719.
Ref.
604670
Location:
SIIS Archivo
Palabras clave:
Personas mayores, Dependencia, Teleasistencia, Envejecimiento, Política de la vejez, España
Personas mayores, Dependencia, Teleasistencia, Envejecimiento, Política de la vejez, España
Abstract:
Este artículo, propone una etnografía de las prácticas de instalación de servicios de teleasistencia para personas mayores en España y el Reino Unido, cuestionando la idea de que estas tecnologías sean simples soluciones “plug-and-play”. Los autores sostienen que ni los usuarios ni los servicios de teleasistencia existen antes de la instalación: ambos se “instauran” simultáneamente mediante un conjunto de operaciones técnicas, relacionales y contractuales que configuran una red de “usuariedad”. Inspirándose en el concepto de “instauración” de Étienne Souriau, describen la instalación como un proceso creativo e incierto en el que los técnicos, los hogares y las relaciones personales se entrelazan para producir la posibilidad misma de que el cuidado a distancia funcione. A partir de la observación etnográfica de varias instalaciones, identifican tres “condiciones de felicidad” que determinan su éxito: la técnica (ajustar los dispositivos a la arquitectura, la telefonía y los hábitos domésticos), la relacional (traducir las redes familiares, vecinales o de amistad en “contactos” operativos para emergencias) y la contractual (formalizar el acuerdo legal que transforma al usuario en una persona “autónoma pero conectada”). Este trabajo revela que cada instalación implica un delicado proceso de negociación, traducción y cierre, donde los instaladores actúan como mediadores que estabilizan una ecología heterogénea de cuerpos, cables, datos y afectos. En consecuencia, la teleasistencia no solo instala dispositivos, sino que produce una infraestructura moral y material que define quién puede ser cuidado, cómo se ejerce la autonomía y qué formas de relación se legitiman. Los autores concluyen que estas prácticas no crean usuarios individuales preexistentes, sino configuraciones inestables de cuidado y ciudadanía tecnológica que requieren mantenimiento continuo —una “restauración” constante de los lazos, artefactos y normas que sostienen la vida asistida en red—, abriendo así un campo crítico para repensar las políticas y éticas del envejecimiento tecnológico.
Este artículo, propone una etnografía de las prácticas de instalación de servicios de teleasistencia para personas mayores en España y el Reino Unido, cuestionando la idea de que estas tecnologías sean simples soluciones “plug-and-play”. Los autores sostienen que ni los usuarios ni los servicios de teleasistencia existen antes de la instalación: ambos se “instauran” simultáneamente mediante un conjunto de operaciones técnicas, relacionales y contractuales que configuran una red de “usuariedad”. Inspirándose en el concepto de “instauración” de Étienne Souriau, describen la instalación como un proceso creativo e incierto en el que los técnicos, los hogares y las relaciones personales se entrelazan para producir la posibilidad misma de que el cuidado a distancia funcione. A partir de la observación etnográfica de varias instalaciones, identifican tres “condiciones de felicidad” que determinan su éxito: la técnica (ajustar los dispositivos a la arquitectura, la telefonía y los hábitos domésticos), la relacional (traducir las redes familiares, vecinales o de amistad en “contactos” operativos para emergencias) y la contractual (formalizar el acuerdo legal que transforma al usuario en una persona “autónoma pero conectada”). Este trabajo revela que cada instalación implica un delicado proceso de negociación, traducción y cierre, donde los instaladores actúan como mediadores que estabilizan una ecología heterogénea de cuerpos, cables, datos y afectos. En consecuencia, la teleasistencia no solo instala dispositivos, sino que produce una infraestructura moral y material que define quién puede ser cuidado, cómo se ejerce la autonomía y qué formas de relación se legitiman. Los autores concluyen que estas prácticas no crean usuarios individuales preexistentes, sino configuraciones inestables de cuidado y ciudadanía tecnológica que requieren mantenimiento continuo —una “restauración” constante de los lazos, artefactos y normas que sostienen la vida asistida en red—, abriendo así un campo crítico para repensar las políticas y éticas del envejecimiento tecnológico.