Early-life circumstances and late life loneliness trajectories among Finnish older adults
Uloženo v:
Tiilikainen, E., et al., Early-life circumstances and late life loneliness trajectories among Finnish older adults. BMC Geriatrics, vol. 24, n. 459, 2024, 9 p.
Ref.
600736
Umístění:
SIIS Archivo (R.1879)
Palabras clave:
Infancia, Menores, Víctimas, Malos tratos, Relaciones familiares, Relación padres hijos, Bienestar, Calidad de vida, Pobreza, Efectos, Soledad, Personas mayores, Factor de riesgo, Estudio longitudinal, Finlandia
Infancia, Menores, Víctimas, Malos tratos, Relaciones familiares, Relación padres hijos, Bienestar, Calidad de vida, Pobreza, Efectos, Soledad, Personas mayores, Factor de riesgo, Estudio longitudinal, Finlandia
Abstrakt:
La soledad en la vejez se ha consolidado como un problema de salud pública de gran relevancia a nivel mundial. La mayoría de las investigaciones han abordado aspectos como la prevalencia, los factores de riesgo y las consecuencias de la soledad en distintas etapas de la vida. <br><br> Sin embargo, este estudio se centró en analizar cómo las circunstancias adversas vividas durante la infancia y la juventud pueden influir en la soledad experimentada en la vejez, a través de un seguimiento prolongado de personas mayores en Finlandia. Los datos provienen del estudio longitudinal “Good Aging in the Lahti Region”, que incluyó a 1.552 participantes con una edad media de 64,89 años. La muestra fue aleatoria, estratificada y regional, compuesta por personas mayores residentes en el sur de Finlandia. El estudio inicial se llevó a cabo en 2002, y las encuestas de seguimiento se realizaron en 2005, 2008 y 2012. <br><br> La soledad se midió en cada una de las tres rondas mediante una pregunta única, mientras que las experiencias adversas en la infancia se evaluaron retrospectivamente al inicio del estudio. Estas incluían variables como la muerte de un progenitor, la falta de afecto en el hogar, experiencias de reubicación y miedo hacia algún familiar. <br><br> Mediante un análisis de crecimiento de clase latente con covariables invariantes en el tiempo, se identificaron tres trayectorias de soledad: baja, moderada y severa, correspondientes al 36 %, 50 % y 14 % de los participantes, respectivamente. <br><br> Las trayectorias se mantuvieron estables a lo largo del seguimiento. Se observó que experiencias como el miedo hacia un familiar, una infancia sin afecto y la muerte de uno de los padres incrementaban significativamente la probabilidad de desarrollar una trayectoria de soledad severa en la vejez, en comparación con la trayectoria baja. No obstante, ninguna de estas circunstancias logró diferenciar entre trayectorias moderadas y severas. Los resultados evidencian que ciertas adversidades tempranas en la vida están asociadas con un mayor riesgo de experimentar soledad crónica o intensa en la adultez mayor. <br><br> Este hallazgo refuerza la necesidad de considerar los antecedentes vitales a largo plazo en las investigaciones y estrategias dirigidas a mitigar la soledad. Además, resalta la importancia de identificar a tiempo a las personas con riesgo de soledad prolongada para ofrecerles un apoyo específico que contribuya a reducir sus efectos negativos sobre la salud en la vejez.
La soledad en la vejez se ha consolidado como un problema de salud pública de gran relevancia a nivel mundial. La mayoría de las investigaciones han abordado aspectos como la prevalencia, los factores de riesgo y las consecuencias de la soledad en distintas etapas de la vida. <br><br> Sin embargo, este estudio se centró en analizar cómo las circunstancias adversas vividas durante la infancia y la juventud pueden influir en la soledad experimentada en la vejez, a través de un seguimiento prolongado de personas mayores en Finlandia. Los datos provienen del estudio longitudinal “Good Aging in the Lahti Region”, que incluyó a 1.552 participantes con una edad media de 64,89 años. La muestra fue aleatoria, estratificada y regional, compuesta por personas mayores residentes en el sur de Finlandia. El estudio inicial se llevó a cabo en 2002, y las encuestas de seguimiento se realizaron en 2005, 2008 y 2012. <br><br> La soledad se midió en cada una de las tres rondas mediante una pregunta única, mientras que las experiencias adversas en la infancia se evaluaron retrospectivamente al inicio del estudio. Estas incluían variables como la muerte de un progenitor, la falta de afecto en el hogar, experiencias de reubicación y miedo hacia algún familiar. <br><br> Mediante un análisis de crecimiento de clase latente con covariables invariantes en el tiempo, se identificaron tres trayectorias de soledad: baja, moderada y severa, correspondientes al 36 %, 50 % y 14 % de los participantes, respectivamente. <br><br> Las trayectorias se mantuvieron estables a lo largo del seguimiento. Se observó que experiencias como el miedo hacia un familiar, una infancia sin afecto y la muerte de uno de los padres incrementaban significativamente la probabilidad de desarrollar una trayectoria de soledad severa en la vejez, en comparación con la trayectoria baja. No obstante, ninguna de estas circunstancias logró diferenciar entre trayectorias moderadas y severas. Los resultados evidencian que ciertas adversidades tempranas en la vida están asociadas con un mayor riesgo de experimentar soledad crónica o intensa en la adultez mayor. <br><br> Este hallazgo refuerza la necesidad de considerar los antecedentes vitales a largo plazo en las investigaciones y estrategias dirigidas a mitigar la soledad. Además, resalta la importancia de identificar a tiempo a las personas con riesgo de soledad prolongada para ofrecerles un apoyo específico que contribuya a reducir sus efectos negativos sobre la salud en la vejez.