WHO WILL CARE FOR MOTHER TOMORROW?
Saved in:
KLEUNEN, A. VAN, WILNER, M.A., WHO WILL CARE FOR MOTHER TOMORROW?. JOURNAL OF AGING AND SOCIAL POLICY, Vol. 11, no. 2, 3 (2000), p. 115-126.
Ref.
97281
Location:
SIIS R.839
Palabras clave:
Crítica, Cuidados de larga duración, Dependencia, Necesidades, Personas mayores, Perspectivas, Profesiones, Recomendaciones, EE.UU.
Crítica, Cuidados de larga duración, Dependencia, Necesidades, Personas mayores, Perspectivas, Profesiones, Recomendaciones, EE.UU.
Abstract:
Asistentes personales, auxiliares de enfermería, cuidadores residenciales y otros profesionales desempeñan un papel fundamental en la prestación de servicios para personas mayores. Fundamental, desde el punto de vista de los planificadores de los servicios, por ser la persona que día a día pone en práctica las políticas, y fundamental, desde el punto de vista del usuario, por ser la persona con quién éste se encuentra a diario. Sin embargo, a pesar de la importancia de las tareas que realiza, no puede decirse que este colectivo profesional disfrute de un estatus social elevado y, de hecho, son cada vez más las personas que abandonan esos empleos. Tales ‘deserciones’ se deben, según los expertos, a las condiciones precarias en las que a menudo trabajan: sus salarios no suelen ser muy elevados (de hecho, en muchos países, son insuficientes para vivir en condiciones mínimas), muchos de los puestos de trabajos que ocupan son a tiempo parcial, y las posibilidades de promoción laboral son pocas. A esto hay que añadir que se trata de un trabajo que exige mucho física y psicológicamente. En una situación de casi pleno empleo, existen sin duda en el mercado laboral otras ocupaciones mejor pagadas, menos sacrificadas y que no requieren un alto grado de formación previa. Ante esa situación, los autores de este artículo señalan la necesidad urgente de resolver los problemas detectados –esto es, la precariedad laboral de los trabajadores de atención directa y su escasa consideración social–, ya que la actitud negativa hacia estas tareas de trabajo se manifiesta a la hora de reclutar y mantener la mano de obra para estos puestos de trabajo. En muchos países, la escasez de personal auxiliar es ya un hecho evidente, y muy preocupante, en vista de la actual tendencia demográfica que obliga a aumentar paulatinamente el número de plazas para mayores dependientes.
Asistentes personales, auxiliares de enfermería, cuidadores residenciales y otros profesionales desempeñan un papel fundamental en la prestación de servicios para personas mayores. Fundamental, desde el punto de vista de los planificadores de los servicios, por ser la persona que día a día pone en práctica las políticas, y fundamental, desde el punto de vista del usuario, por ser la persona con quién éste se encuentra a diario. Sin embargo, a pesar de la importancia de las tareas que realiza, no puede decirse que este colectivo profesional disfrute de un estatus social elevado y, de hecho, son cada vez más las personas que abandonan esos empleos. Tales ‘deserciones’ se deben, según los expertos, a las condiciones precarias en las que a menudo trabajan: sus salarios no suelen ser muy elevados (de hecho, en muchos países, son insuficientes para vivir en condiciones mínimas), muchos de los puestos de trabajos que ocupan son a tiempo parcial, y las posibilidades de promoción laboral son pocas. A esto hay que añadir que se trata de un trabajo que exige mucho física y psicológicamente. En una situación de casi pleno empleo, existen sin duda en el mercado laboral otras ocupaciones mejor pagadas, menos sacrificadas y que no requieren un alto grado de formación previa. Ante esa situación, los autores de este artículo señalan la necesidad urgente de resolver los problemas detectados –esto es, la precariedad laboral de los trabajadores de atención directa y su escasa consideración social–, ya que la actitud negativa hacia estas tareas de trabajo se manifiesta a la hora de reclutar y mantener la mano de obra para estos puestos de trabajo. En muchos países, la escasez de personal auxiliar es ya un hecho evidente, y muy preocupante, en vista de la actual tendencia demográfica que obliga a aumentar paulatinamente el número de plazas para mayores dependientes.
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