Assessing and managing bone health and fracture risk in Parkinson’s disease: the BONE PARK 2 protocol

Saved in:
Naylor, K. C., et al., Assessing and managing bone health and fracture risk in Parkinson’s disease: the BONE PARK 2 protocol. Age and Ageing, vol. 54, n. 3, 2025, 10 p.
Ref. 602391
Location: SIIS Archivo (R.429)
Palabras clave:
Personas mayores, Enfermedad de Parkinson, Trastornos motores, Fracturas, Caídas, Deterioro cognitivo, Prevención accidentes, Huesos, Calidad de la atención, Estudio cualitativo, Reino Unido
Abstract:
En las personas con enfermedad de Parkinson (EP), la coexistencia de una alta propensión a las caídas y un riesgo elevado de osteoporosis confluye en una probabilidad significativamente aumentada de sufrir fracturas. <br><br> Diversos estudios han mostrado que el riesgo de fractura osteoporótica en este grupo es más del doble en comparación con la población general, y en el caso de mujeres mayores, la EP puede constituir el principal factor contribuyente al riesgo de fractura [1, 2]. <br><br> Las consecuencias de estas fracturas son especialmente graves en la EP. Tras sufrir una fractura, las personas con Parkinson presentan una mayor probabilidad de desarrollar complicaciones clínicas en comparación con individuos sin la enfermedad [3, 4]. <br><br> Además, enfrentan mayores dificultades para recuperar la movilidad [5] y la tasa de mortalidad se duplica [6]. <br><br> Un ejemplo concreto de la carga que esto supone es el caso de Inglaterra, donde los ingresos hospitalarios por fractura de cadera representan el 4,2 % de todos los ingresos relacionados con la EP, con un coste anual estimado en 13,7 millones de libras [7]. <br><br> Entre los factores que explican este riesgo elevado se encuentran los síntomas neuropsiquiátricos, la disfunción musculoesquelética y las alteraciones de la marcha que caracterizan a la EP, todos los cuales incrementan el riesgo de caídas y fracturas [8]. <br><br> A esto se suman otros problemas clínicos frecuentes en esta población, como la disfagia y el deterioro cognitivo, que pueden dificultar o impedir el uso de tratamientos orales para la osteoporosis. <br><br> A pesar de la relevancia de este problema, la evidencia disponible sigue siendo limitada en cuanto a su aplicabilidad, ya que muchos estudios excluyen a personas con deterioro cognitivo o no reflejan adecuadamente la heterogeneidad de la EP ni el amplio espectro de edades afectadas [9, 10].