Ética, política y buena gobernanza
Saved in:
Rueda, J.D:, Zurro, J.J., Ética, política y buena gobernanza. Agathos. Atención Sociosanitaria y Bienestar, vol. 18, n. 2, 2018, p. 62-67 p.
Ref.
559977
Sted:
SIIS Archivo (R.1645) / SIIS R.1645
Palabras clave:
Ética, Política, Convivencia, Justicia social, Desigualdad social, Pobreza, Precariedad, Exclusión social, Políticas públicas, Bienestar social, Trabajo social, Crítica, Sector público, España
Ética, Política, Convivencia, Justicia social, Desigualdad social, Pobreza, Precariedad, Exclusión social, Políticas públicas, Bienestar social, Trabajo social, Crítica, Sector público, España
Abstract:
No es necesario remontarse a Aristóteles para entender que la política, como arte de la convivencia en una sociedad, no puede entenderse si esa convivencia se realiza sin principios, valores y normas. La política, entendida como un conjunto de principios, lo que busca es hacer posible y mejor la convivencia mediante la implementación de actuaciones y programas que hagan posible la gobernanza de la sociedad. La actuación política, al menos en las democracias modernas y desarrolladas, no puede entenderse si no se dirige a garantizar el bienestar y la convivencia de toda la población. No cabe pensar que el fin de la política y de las medidas que se desarrollan para proponer los objetivos de bienestar sólo puedan dirigirse a una parte de esa población. Si esto es así, deberemos decir que esa acción política se distancia de los principios y premisas de la ética, porque una sociedad es moralmente buena sólo si los principios que dirigen u orientan la convivencia se inspiran en valores y principios éticos.
No es necesario remontarse a Aristóteles para entender que la política, como arte de la convivencia en una sociedad, no puede entenderse si esa convivencia se realiza sin principios, valores y normas. La política, entendida como un conjunto de principios, lo que busca es hacer posible y mejor la convivencia mediante la implementación de actuaciones y programas que hagan posible la gobernanza de la sociedad. La actuación política, al menos en las democracias modernas y desarrolladas, no puede entenderse si no se dirige a garantizar el bienestar y la convivencia de toda la población. No cabe pensar que el fin de la política y de las medidas que se desarrollan para proponer los objetivos de bienestar sólo puedan dirigirse a una parte de esa población. Si esto es así, deberemos decir que esa acción política se distancia de los principios y premisas de la ética, porque una sociedad es moralmente buena sólo si los principios que dirigen u orientan la convivencia se inspiran en valores y principios éticos.