¿Cómo mejorar la natalidad en España?
I tiakina i:
Castro-Martín, T., et al., ¿Cómo mejorar la natalidad en España?. Serie: Estudios sobre la Economía Española n. 2021/04, Madrid, Fundación de Estudios de Economía Aplicada, 2021, 29 p.
Ref.
559854
Tauwāhi:
SIIS Archivo
Palabras clave:
Fecundidad, Natalidad, Envejecimiento demográfico, Efectos, Economía, Bienestar social, Barreras, Trabajo, Precariedad, Salario, Discriminación, Conciliación, Igualdad de género, Guarderías, Prestaciones económicas, Prestaciones sociales, Políticas públicas, Datos estadísticos, Evolución, Comunidad de Madrid, España
Fecundidad, Natalidad, Envejecimiento demográfico, Efectos, Economía, Bienestar social, Barreras, Trabajo, Precariedad, Salario, Discriminación, Conciliación, Igualdad de género, Guarderías, Prestaciones económicas, Prestaciones sociales, Políticas públicas, Datos estadísticos, Evolución, Comunidad de Madrid, España
Whakarāpopotonga:
La tasa de fecundidad en España es actualmente de las más bajas del mundo: 1,23 hijos por mujer. No se trata de un fenómeno meramente coyuntural, ya que esta tasa lleva ya tres décadas por debajo de 1,5 hijos por mujer. El nivel de fecundidad de una sociedad condiciona en buena medida el ritmo de envejecimiento demográfico y el tamaño de la futura población económicamente activa. Por ello, la persistencia de un nivel tan bajo de fecundidad en una población cada vez más longeva supone un importante reto para la sostenibilidad del Estado de Bienestar y, en particular, para el sistema de pensiones y la organización social de provisión de cuidados.<br><br>A pesar del marcado descenso de la fecundidad, el número medio de hijos deseado –tanto por mujeres como por hombres– se mantiene desde hace décadas en torno a dos hijos. Esta brecha evidente entre deseos y realidades reproductivas apunta a la existencia de barreras que dificultan a muchas personas y parejas hacer realidad su proyecto vital y familiar. Entre estas barreras se encuentran la precariedad laboral y la incertidumbre sobre el futuro, el escaso apoyo institucional a las responsabilidades de crianza, y la desigualdad de género en el ámbito laboral y familiar.<br><br>Aunque no hay “recetas mágicas” para incentivar la fecundidad, una mejora en el acceso, estabilidad y calidad del empleo entre los adultos jóvenes permitiría atenuar el desfase que existe actualmente entre el reloj biológico y el reloj social –no se suelen lograr unas condiciones laborales que permitan afrontar adecuadamente la crianza hasta edades relativamente tardías–. Otra medida fundamental sería reducir las dificultades existentes para compaginar responsabilidades familiares y laborales, evitando centrar el debate de la conciliación en las mujeres y fomentando la plena incorporación de los hombres al cuidado. A través de las políticas públicas también se podrían redistribuir de forma más equitativa los costes asociados a la crianza, empezando por garantizar el acceso universal y asequible a escuelas infantiles de calidad.
La tasa de fecundidad en España es actualmente de las más bajas del mundo: 1,23 hijos por mujer. No se trata de un fenómeno meramente coyuntural, ya que esta tasa lleva ya tres décadas por debajo de 1,5 hijos por mujer. El nivel de fecundidad de una sociedad condiciona en buena medida el ritmo de envejecimiento demográfico y el tamaño de la futura población económicamente activa. Por ello, la persistencia de un nivel tan bajo de fecundidad en una población cada vez más longeva supone un importante reto para la sostenibilidad del Estado de Bienestar y, en particular, para el sistema de pensiones y la organización social de provisión de cuidados.<br><br>A pesar del marcado descenso de la fecundidad, el número medio de hijos deseado –tanto por mujeres como por hombres– se mantiene desde hace décadas en torno a dos hijos. Esta brecha evidente entre deseos y realidades reproductivas apunta a la existencia de barreras que dificultan a muchas personas y parejas hacer realidad su proyecto vital y familiar. Entre estas barreras se encuentran la precariedad laboral y la incertidumbre sobre el futuro, el escaso apoyo institucional a las responsabilidades de crianza, y la desigualdad de género en el ámbito laboral y familiar.<br><br>Aunque no hay “recetas mágicas” para incentivar la fecundidad, una mejora en el acceso, estabilidad y calidad del empleo entre los adultos jóvenes permitiría atenuar el desfase que existe actualmente entre el reloj biológico y el reloj social –no se suelen lograr unas condiciones laborales que permitan afrontar adecuadamente la crianza hasta edades relativamente tardías–. Otra medida fundamental sería reducir las dificultades existentes para compaginar responsabilidades familiares y laborales, evitando centrar el debate de la conciliación en las mujeres y fomentando la plena incorporación de los hombres al cuidado. A través de las políticas públicas también se podrían redistribuir de forma más equitativa los costes asociados a la crianza, empezando por garantizar el acceso universal y asequible a escuelas infantiles de calidad.