Trends in substance use admissions among older adults

محفوظ في:
Chhatre, S., et al., Trends in substance use admissions among older adults. BMC Health Services Research, vol. 17, n. 584, 2017, 8 p.
Ref. 544069
الموقع: SIIS Archivo
Palabras clave:
Drogodependencias, Personas mayores, Tratamiento, Admisión, Características, Patrones de consumo, Tendencias, Datos estadísticos, EE.UU.
مستخلص:
Las adicciones entre las personas mayores se han convertido en uno de los problemas de salud que más rápido se han extendido en los Estados Unidos. El presente artículo examina la cuestión entre 2000 y 2012 a partir del registro oficial de admisiones a tratamiento por drogodependencia en centros públicos o con financiación pública de todo el país (‘Treatment Episode Data Set – Admissions’). Debido a que la unidad de análisis no son individuos, resulta imposible controlar los resultados por variables socioeconómicas, pero aun así esta fuente estadística permite un acercamiento tentativo al número, perfil y necesidades de las personas que solicitan ayuda para dejar sustancias adictivas distintas al tabaco.<br><br>Así como el volumen general de personas que iniciaron tratamiento apenas cambió en el periodo estudiado, el número de mayores de 54 años que lo hicieron se duplicó, pasando de 60.112 a 121.015 ―es decir, del 3,4% al 7% del total―, una tendencia que se relaciona con el envejecimiento de la generación del ‘baby boom’. La preeminencia del alcohol como sustancia principal descendió del 77% al 64%, incrementándose en cambio las admisiones por cocaína/'crack' (+64%), marihuana (+150%), metadona no prescrita (+200%) o por otros opiáceos o drogas sintéticas (+221%), dato este último que se vincula al incremento de casi nueve veces de la prescripción de estas sustancias en consultas médicas no hospitalarias producido entre 1995 y 2010. También se elevó la proporción de admisiones por policonsumo (del 20% en 2000 al 38% en 2012) y la de personas con tratamiento previo (del 39% al 46%). Un último dato reseñable se refiere a la tasa de tratamientos farmacológicos aplicados (el 7,6% en 2000 y el 9,4% en 2012), muy inferior a lo que cabría esperar considerando su eficacia en el abordaje de la adicción al alcohol y los opiáceos, según argumenta el artículo.