La vulneración del derecho al trabajo decente: empleo y exclusión social
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Comité Técnico de la Fundación FOESSA, La vulneración del derecho al trabajo decente: empleo y exclusión social. Serie: Dossier FOESSA, Madrid, Fundación FOESSA, 2019, 8 p.
Ref.
541775
Localização:
SIIS Archivo
Palabras clave:
Trabajo, Desempleo, Precariedad, Exclusión social, Pobreza, Situación económica, Salario, Jornada laboral, Condiciones de trabajo, Contratos, Efectos, Datos estadísticos, Autonomías, España
Trabajo, Desempleo, Precariedad, Exclusión social, Pobreza, Situación económica, Salario, Jornada laboral, Condiciones de trabajo, Contratos, Efectos, Datos estadísticos, Autonomías, España
Resumo:
Históricamente el empleo se ha considerado un excelente factor de protección frente a situaciones de pobreza y exclusión. Años atrás, la línea que separaba a las personas empleadas de las paradas suponía una diferenciación clara; quien trabajaba contaba con garantías de ubicarse en el espacio de la inclusión y quien no lo hacía se acercaba al abismo de la exclusión. Desde hace un tiempo esa frontera es más difusa y líquida y hay un grupo numeroso de personas que, a pesar de estar activas deambula por el espacio de la exclusión social, probablemente como consecuencia de un empleo que combina bajos salarios, parcialidad indeseada y una temporalidad que provoca una entrada y salida recurrente del empleo. Si bien es cierto que contar con un empleo sigue siendo la mejor forma de acceder a una situación de integración, la intermitencia y precariedad del mismo nos está conduciendo a un escenario en el que trabajar ya no es sinónimo de integración. La mitad (52%) de las familias en las que hay un empleo no disfrutan de una situación de integración plena, lo que evidencia una calidad del empleo insuficiente para cubrir las necesidades de los hogares.
Históricamente el empleo se ha considerado un excelente factor de protección frente a situaciones de pobreza y exclusión. Años atrás, la línea que separaba a las personas empleadas de las paradas suponía una diferenciación clara; quien trabajaba contaba con garantías de ubicarse en el espacio de la inclusión y quien no lo hacía se acercaba al abismo de la exclusión. Desde hace un tiempo esa frontera es más difusa y líquida y hay un grupo numeroso de personas que, a pesar de estar activas deambula por el espacio de la exclusión social, probablemente como consecuencia de un empleo que combina bajos salarios, parcialidad indeseada y una temporalidad que provoca una entrada y salida recurrente del empleo. Si bien es cierto que contar con un empleo sigue siendo la mejor forma de acceder a una situación de integración, la intermitencia y precariedad del mismo nos está conduciendo a un escenario en el que trabajar ya no es sinónimo de integración. La mitad (52%) de las familias en las que hay un empleo no disfrutan de una situación de integración plena, lo que evidencia una calidad del empleo insuficiente para cubrir las necesidades de los hogares.