How inequality runs in families. Unfair advantage and the limits of social mobility
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Calder, G., How inequality runs in families. Unfair advantage and the limits of social mobility. Serie: Policy Press Shorts Insights, Bristol, Policy Press, 2016, 132 p.
Ref.
517111
Sted:
SIIS 517111
Palabras clave:
Pobreza, Desigualdad social, Justicia social, Hogares, Familia, Infancia, Género, Movilidad, Herencia, Clase social, Nivel educativo, Igualdad de oportunidades, Crítica, Reino Unido
Pobreza, Desigualdad social, Justicia social, Hogares, Familia, Infancia, Género, Movilidad, Herencia, Clase social, Nivel educativo, Igualdad de oportunidades, Crítica, Reino Unido
Abstract:
La tasa de movilidad social del Reino Unido es la más baja toda la OCDE, un problema enquistado desde hace tiempo en la agenda política británica, puesto que las medidas implementadas para resolverlo no han sido eficaces. Este librito propone revisar el debate sobre movilidad social e igualdad de oportunidades, replanteándolo desde la perspectiva de la familia como entorno donde se transmiten las posibilidades de avanzar o retroceder socialmente. El autor empieza cuestionando los propios conceptos alrededor de los cuales gira el debate. La familia, advierte Calder, ha sido largamente ignorada en las discusiones sobre justicia social y, cuando se alude a ella, a menudo se hace como una entidad metafísica, unívoca y ajena a las desigualdades sociales. La movilidad social, por su parte, se ha tomado como un valor en sí mismo y el concepto de igualdad de oportunidades ha terminado por convertirse en un tótem omnipresente en los discursos, pero ausente en los resultados de las políticas.<br><br>Poner de una vez coto a las desigualdades sociales requiere, según Calder, un cambio de estrategia que pasa por repolitizar el concepto de familia e introducirlo como un elemento esencial del debate. A su entender, ello permitiría tomar conciencia de las contradicciones inherentes a las políticas actuales, y en concreto, de la presión que soportan las familias cuando se las responsabiliza del progreso social de sus hijas e hijos, desconsiderando las condiciones materiales en las que se desenvuelve su existencia. En vez de impulsar la movilidad social, que ha resultado infructuoso entre las clases con menos recursos, el autor sugiere poner el empeño en reducir la desigualdad de oportunidades, limitando la facilidad con que las clases pudientes consiguen que su prole siga escalado posiciones en la jerarquía social, ensanchando así la brecha entre ricos y pobres. No obstante, duda de que la sociedad y la clase política estén preparadas para un viraje tan radical, dado que supondría acotar la autonomía de las familias, que, a su juicio, resulta hoy por hoy incontrovertible.
La tasa de movilidad social del Reino Unido es la más baja toda la OCDE, un problema enquistado desde hace tiempo en la agenda política británica, puesto que las medidas implementadas para resolverlo no han sido eficaces. Este librito propone revisar el debate sobre movilidad social e igualdad de oportunidades, replanteándolo desde la perspectiva de la familia como entorno donde se transmiten las posibilidades de avanzar o retroceder socialmente. El autor empieza cuestionando los propios conceptos alrededor de los cuales gira el debate. La familia, advierte Calder, ha sido largamente ignorada en las discusiones sobre justicia social y, cuando se alude a ella, a menudo se hace como una entidad metafísica, unívoca y ajena a las desigualdades sociales. La movilidad social, por su parte, se ha tomado como un valor en sí mismo y el concepto de igualdad de oportunidades ha terminado por convertirse en un tótem omnipresente en los discursos, pero ausente en los resultados de las políticas.<br><br>Poner de una vez coto a las desigualdades sociales requiere, según Calder, un cambio de estrategia que pasa por repolitizar el concepto de familia e introducirlo como un elemento esencial del debate. A su entender, ello permitiría tomar conciencia de las contradicciones inherentes a las políticas actuales, y en concreto, de la presión que soportan las familias cuando se las responsabiliza del progreso social de sus hijas e hijos, desconsiderando las condiciones materiales en las que se desenvuelve su existencia. En vez de impulsar la movilidad social, que ha resultado infructuoso entre las clases con menos recursos, el autor sugiere poner el empeño en reducir la desigualdad de oportunidades, limitando la facilidad con que las clases pudientes consiguen que su prole siga escalado posiciones en la jerarquía social, ensanchando así la brecha entre ricos y pobres. No obstante, duda de que la sociedad y la clase política estén preparadas para un viraje tan radical, dado que supondría acotar la autonomía de las familias, que, a su juicio, resulta hoy por hoy incontrovertible.