LA AUTOPERCEPCION DE LOS JOVENES OKUPAS EN ESPAÑA
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NAVARRETE, L., LA AUTOPERCEPCION DE LOS JOVENES OKUPAS EN ESPAÑA. Madrid, INSTITUTO DE LA JUVENTUD, 1999, 79 p.
Ref.
37110
Location:
SIIS 63.12.135
Palabras clave:
Actitudes, Autoconcepto, Autoinformes, Delincuencia juvenil, Fundamentos, Juventud, Movimiento social, Vivienda, España
Actitudes, Autoconcepto, Autoinformes, Delincuencia juvenil, Fundamentos, Juventud, Movimiento social, Vivienda, España
Abstract:
Los okupas, durante años, fueron considerados una tribu, y como tal, minoritaria y marginada, siendo materia de estudio de la investigación social que divide a la juventud en tribus urbanas. Pero con la reforma del Código Penal, consensuada por todas las fuerzas parlamentarias, la okupación pasa a ser considerada como un delito. Las actuales prácticas de okupación, que constituyen el sensor de un más amplio malestar juvenil en adaptarse a la profunda modificación, tanto del panorama productivo, como en relación a la crisis de las formas de representación, son más bien una tentativa de construir otras formas de sociabilidad a aquellas propuestas por el circuito de sociabilidad "normalizada". Ello explicaría en parte la dificultad y contradicciones que acarrean la aceptación, siempre crítica, de considerarlo un movimiento. Según la autopercepción del joven okupa, el llamado movimiento de okupación, o movimiento okupa, existe sólo si se ve desde fuera, pero no desde dentro. La okupación, definida por los propios okupas, sería un instrumento de expresión de ideas y actividades políticas y sociales y no un fin. Si existe algo a lo que se pueda llamar "movimiento de okupación" presupone que no va más allá de un proceso difuso que comprende las diversas prácticas de los grupos y personas que okupan viviendas o edificios
Los okupas, durante años, fueron considerados una tribu, y como tal, minoritaria y marginada, siendo materia de estudio de la investigación social que divide a la juventud en tribus urbanas. Pero con la reforma del Código Penal, consensuada por todas las fuerzas parlamentarias, la okupación pasa a ser considerada como un delito. Las actuales prácticas de okupación, que constituyen el sensor de un más amplio malestar juvenil en adaptarse a la profunda modificación, tanto del panorama productivo, como en relación a la crisis de las formas de representación, son más bien una tentativa de construir otras formas de sociabilidad a aquellas propuestas por el circuito de sociabilidad "normalizada". Ello explicaría en parte la dificultad y contradicciones que acarrean la aceptación, siempre crítica, de considerarlo un movimiento. Según la autopercepción del joven okupa, el llamado movimiento de okupación, o movimiento okupa, existe sólo si se ve desde fuera, pero no desde dentro. La okupación, definida por los propios okupas, sería un instrumento de expresión de ideas y actividades políticas y sociales y no un fin. Si existe algo a lo que se pueda llamar "movimiento de okupación" presupone que no va más allá de un proceso difuso que comprende las diversas prácticas de los grupos y personas que okupan viviendas o edificios