Learning for care homes from alternative residential care settings
Saved in:
Burtney, L., et al., Learning for care homes from alternative residential care settings. York, Joseph Rowntree Foundation, 2014, 72 p.
Ref.
197855
Location:
SIIS Archivo
Palabras clave:
Alternativas, Atención individualizada, Innovaciones, Participación familiar, Participación usuarios, Perfil profesional, Personas mayores, Planificación de servicios, Recomendaciones, Recursos humanos, Actitudes usuarios, Residencias, Soluciones residenciales, Buenas prácticas, Dependencia, Entidades sin ánimo de lucro, Reino Unido
Alternativas, Atención individualizada, Innovaciones, Participación familiar, Participación usuarios, Perfil profesional, Personas mayores, Planificación de servicios, Recomendaciones, Recursos humanos, Actitudes usuarios, Residencias, Soluciones residenciales, Buenas prácticas, Dependencia, Entidades sin ánimo de lucro, Reino Unido
Abstract:
Este documento revisa buenas prácticas en la provisión de cuidados en recursos de atención residencial. Seis factores se identifican como claves para la provisión de una atención de calidad. La inspección y evaluación regular del funcionamiento de los servicios constituye el primero de ellos y, a este respecto, destaca como buena práctica la implementación de evaluaciones por las propias personas usuarias de los servicios. También se debe considerar la gestión de riesgos en el cuidado, es decir, explorar fórmulas para minimizar los riesgos asumidos por la organización, al tiempo que se maximiza la capacidad de elección y control de las personas usuarias sobre el tipo de atención que desean recibir. Un tercer elemento digno de considerar es el desarrollo de una cultura del cuidado, entendida como la construcción de relaciones de confianza, afecto y respeto entre todas las personas que forman parte del servicio, incluyendo no sólo la relación entre personas usuarias y profesionales, sino también aquellas entre las personas usuarias y dentro del equipo de profesionales que trabajan en el centro. El diseño de espacios físicos acogedores y adaptados a las necesidades de las personas usuarias y de sus familias también se englobaría en este ámbito. Un cuarto factor es la individualización de la atención y, en este sentido, los autores destacan la participación de las personas usuarias en la toma de decisiones individuales y colectivas como su aspecto esencial. El quinto elemento mencionado es la coordinación de la atención, es decir, la integración de todos los cuidados y su planificación conjunta con la persona interesada. Finalmente, las políticas de selección y gestión de personal son la última de las buenas prácticas identificadas. A este respecto, los autores destacan la importancia de disponer de servicios de apoyo psicosocial para el personal contratado que se centren en prevenir, identificar y abordar los riesgos psicosociales asociados al trabajo de intervención social o de cuidado con personas en situación de dependencia.
Este documento revisa buenas prácticas en la provisión de cuidados en recursos de atención residencial. Seis factores se identifican como claves para la provisión de una atención de calidad. La inspección y evaluación regular del funcionamiento de los servicios constituye el primero de ellos y, a este respecto, destaca como buena práctica la implementación de evaluaciones por las propias personas usuarias de los servicios. También se debe considerar la gestión de riesgos en el cuidado, es decir, explorar fórmulas para minimizar los riesgos asumidos por la organización, al tiempo que se maximiza la capacidad de elección y control de las personas usuarias sobre el tipo de atención que desean recibir. Un tercer elemento digno de considerar es el desarrollo de una cultura del cuidado, entendida como la construcción de relaciones de confianza, afecto y respeto entre todas las personas que forman parte del servicio, incluyendo no sólo la relación entre personas usuarias y profesionales, sino también aquellas entre las personas usuarias y dentro del equipo de profesionales que trabajan en el centro. El diseño de espacios físicos acogedores y adaptados a las necesidades de las personas usuarias y de sus familias también se englobaría en este ámbito. Un cuarto factor es la individualización de la atención y, en este sentido, los autores destacan la participación de las personas usuarias en la toma de decisiones individuales y colectivas como su aspecto esencial. El quinto elemento mencionado es la coordinación de la atención, es decir, la integración de todos los cuidados y su planificación conjunta con la persona interesada. Finalmente, las políticas de selección y gestión de personal son la última de las buenas prácticas identificadas. A este respecto, los autores destacan la importancia de disponer de servicios de apoyo psicosocial para el personal contratado que se centren en prevenir, identificar y abordar los riesgos psicosociales asociados al trabajo de intervención social o de cuidado con personas en situación de dependencia.
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