Buenas prácticas profesionales para el apoyo a la parentalidad positiva

Guardado en:
Rodrígo, M.J., ET AL., Buenas prácticas profesionales para el apoyo a la parentalidad positiva. Madrid, Federación Española de Municipios y Provincias, 2011, 29 p.
Ref. 195601
Localización: DFB 2014 Archivo
Palabras clave:
Buenas prácticas, Educación familiar, Escuela padres, Familia, Formación de personal, Perfil profesional, Prevención, Recomendaciones, Servicios de apoyo, España
Resumen:
Este tercer trabajo cierra la serie de documentos en torno a la parentalidad positiva, que se han desarrollado siguiendo las directrices del Convenio Marco de colaboraciòn entre el Ministerio y la FEMP destinadas a promover la parentalidad positiva desde el ámbito local. La Recomendación (2006) 19 del Comité de Ministros del Consejo de Europa a los Estados Miembros sobre Políticas de Apoyo al Ejercicio Positivo de la Parentalidad, ha sido el eje inspirador de todos ellos. El presente documento gira en torno a la tríada: profesional, usuario y servicio, piezas clave para llevar a cabo las políticas locales de apoyo a la familia siguiendo los principios de la parentalidad positiva. La propia Recomendación (2006)19 del Comité de Ministros del Consejo de Europa a los Estados Miembros sobre Políticas de Apoyo al Ejercicio Positivo de la Parentalidad, señala la importancia de contar con buenos profesionales y buenos servicios para poder llevar a cabo la importante labor de apoyar a los padres, a las madres y figuras parentales en general, de modo que se garantice dicho ejercicio. Así, propone unas directrices para los profesionales y los servicios entre las que destacan las siguientes: el principio de igualdad y accesibilidad que subyacerá a cualquier medida tomada, el principio de asociación (se entiende alianza y colaboración) con los padres que supone un reconocimiento de la experiencia de éstos y del conocimiento de sus propios hijos, favorecer la cooperación y coordinación interdisciplinar entre entidades, facilitando el compartir los medios y trabajando en una red interdisciplinar, evitar crear una dependencia excesiva de las familias con el servicio aumentando su confianza en sí mismos, realizar intervenciones basadas en promover las fortalezas y los recursos de la familia, posibilitar a los menores la comunicación de sus sentimientos y necesidades, y, por último, procurar la formación inicial y continua de los profesionales interesados y asegurar la continuidad y evaluación de las acciones que lleven a cabo en sus respectivos servicios.