La crisis. Mi crisis (Infortunio social y consecuencias psiquiátricas)
Gardado en:
Sirvent, C., La crisis. Mi crisis (Infortunio social y consecuencias psiquiátricas). Norte de Salud Mental, Vol. 11, no. 45 (2013), p. 111-116.
Ref.
191334
Localización:
SIIS R.1493 Archivo
Palabras clave:
Crisis económica, Efectos, Enfermedades mentales, Factor de riesgo
Crisis económica, Efectos, Enfermedades mentales, Factor de riesgo
Resumo:
La crisis actual es deprivativa. El sujeto sufre una mengua económica o socio¬laboral aguda e incomprensible que le inmoviliza y atrapa en un derrotismo para el que no está preparado. Las clases medias han sufrido una doble pérdida, sufriendo más por el vértigo de la ruina, por el estupor del quebranto, que por la propia pérdida. Los nue¬vos ricos se han convertido en nuevos pobres. Y en estas circunstancias de deprivación y estupor “la” crisis acaba siendo “mi” crisis. La pregunta es: ¿Seré yo culpable de mi rui¬na y la de mi familia (en vez de políticos y banqueros)? El sujeto se sumerge en un dilema autoinculpativo doloroso e incomprensible que en realidad es un trance disociativo que quiebra la entereza de un yo que se fragmenta. El impacto de la crisis en la salud mental de la población se recoge desde varias fuentes. Aumenta la incidencia de nuevos casos y se le ponen difíciles las cosas a los ya enfermos porque sufrirán una presumible merma de su calidad asistencial. Todavía hay margen para la esperanza en forma de cambio de las políticas sanitarias más volcadas hacia la persona que a la enfermedad y en cuanto a la sociedad en general es el momento ideal para el refuerzo de lazos solidarios y replan¬teamiento de la estructura social que tenemos.
La crisis actual es deprivativa. El sujeto sufre una mengua económica o socio¬laboral aguda e incomprensible que le inmoviliza y atrapa en un derrotismo para el que no está preparado. Las clases medias han sufrido una doble pérdida, sufriendo más por el vértigo de la ruina, por el estupor del quebranto, que por la propia pérdida. Los nue¬vos ricos se han convertido en nuevos pobres. Y en estas circunstancias de deprivación y estupor “la” crisis acaba siendo “mi” crisis. La pregunta es: ¿Seré yo culpable de mi rui¬na y la de mi familia (en vez de políticos y banqueros)? El sujeto se sumerge en un dilema autoinculpativo doloroso e incomprensible que en realidad es un trance disociativo que quiebra la entereza de un yo que se fragmenta. El impacto de la crisis en la salud mental de la población se recoge desde varias fuentes. Aumenta la incidencia de nuevos casos y se le ponen difíciles las cosas a los ya enfermos porque sufrirán una presumible merma de su calidad asistencial. Todavía hay margen para la esperanza en forma de cambio de las políticas sanitarias más volcadas hacia la persona que a la enfermedad y en cuanto a la sociedad en general es el momento ideal para el refuerzo de lazos solidarios y replan¬teamiento de la estructura social que tenemos.