EL GASTO SOCIAL EN ESPAÑA Y EN LA UNION EUROPEA
Saved in:
FRADES, J., EL GASTO SOCIAL EN ESPAÑA Y EN LA UNION EUROPEA. DOCUMENTACION SOCIAL, no. 157 (2010), p. 47-73.
Ref.
170598
Location:
SIIS R.576 Archivo
Palabras clave:
Ayudas a la familia, Datos estadísticos, Desempleo, Discapacidad, Evolución, Gasto social, Personas mayores, Pobreza, Prestaciones económicas, Protección social, Viudedad, España, Unión Europea
Ayudas a la familia, Datos estadísticos, Desempleo, Discapacidad, Evolución, Gasto social, Personas mayores, Pobreza, Prestaciones económicas, Protección social, Viudedad, España, Unión Europea
Abstract:
La Estrategia de Lisboa ha sido un fracaso en sus compromisos más evidentes, entre ellos el de la erradicación de la pobreza, la cual, paradójicamente, ha aumentado por el incremento de la precariedad laboral y el debilitamiento de la protección social. A pesar de las mejoras sociales de los últimos años, el gasto social en España sigue estando aún a gran distancia de la media de los países europeos, manteniendo todavía una de las más altas tasas de pobreza relativa de la Unión Europea. La modernización y adaptación de nuestro sistema de protección social ha sido insuficiente tanto para prever y atender las nuevas formas de pobreza como para convertirse en un instrumento de inversión social y productiva capaz de resolver los grandes retos que tiene hoy nuestra sociedad. La centralidad en el debate social de los problemas relacionados con el envejecimiento demográfico y con la reducción del déficit público, ha dificultado el debate sobre los mayores déficits que tiene hoy nuestro Estado de Bienestar: la menor protección de los trabajadores peor situados en el mercado de trabajo, el escaso esfuerzo en educación, la insuficiencia de las rentas mínimas -sea cual fuere la contingencia que cubren- para escapar de la pobreza, la escasez de las prestaciones dirigidas a las familias, sean prestaciones económicas o servicios, y las todavía tímidas políticas de conciliación de la vida familiar y laboral. La debilidad de estas políticas atenúa la solidaridad y cohesión social en momentos de fuerte segmentación social y supone un freno al cambio del modelo productivo que nuestro país necesita.
La Estrategia de Lisboa ha sido un fracaso en sus compromisos más evidentes, entre ellos el de la erradicación de la pobreza, la cual, paradójicamente, ha aumentado por el incremento de la precariedad laboral y el debilitamiento de la protección social. A pesar de las mejoras sociales de los últimos años, el gasto social en España sigue estando aún a gran distancia de la media de los países europeos, manteniendo todavía una de las más altas tasas de pobreza relativa de la Unión Europea. La modernización y adaptación de nuestro sistema de protección social ha sido insuficiente tanto para prever y atender las nuevas formas de pobreza como para convertirse en un instrumento de inversión social y productiva capaz de resolver los grandes retos que tiene hoy nuestra sociedad. La centralidad en el debate social de los problemas relacionados con el envejecimiento demográfico y con la reducción del déficit público, ha dificultado el debate sobre los mayores déficits que tiene hoy nuestro Estado de Bienestar: la menor protección de los trabajadores peor situados en el mercado de trabajo, el escaso esfuerzo en educación, la insuficiencia de las rentas mínimas -sea cual fuere la contingencia que cubren- para escapar de la pobreza, la escasez de las prestaciones dirigidas a las familias, sean prestaciones económicas o servicios, y las todavía tímidas políticas de conciliación de la vida familiar y laboral. La debilidad de estas políticas atenúa la solidaridad y cohesión social en momentos de fuerte segmentación social y supone un freno al cambio del modelo productivo que nuestro país necesita.