CASTIGAR A LOS POBRES. EL GOBIERNO NEOLIBERAL DE LA INSEGURIDAD SOCIAL
Guardado en:
WACQUANT, L., CASTIGAR A LOS POBRES. EL GOBIERNO NEOLIBERAL DE LA INSEGURIDAD SOCIAL. Serie: SOCIOLOGIA/POLITICA, BARCELONA, GEDISA, 2009, 446 p.
Ref.
167917
Localización:
SIIS 192.528
Palabras clave:
Bienestar, Crítica, Delincuencia, Desigualdad social, Estado social, Estudio comparativo, Estudio sociológico, Etnia, Exclusión social, Inclusión, Marginación, Pobreza, Política social, Prisión, Raza, Francia, EE.UU.
Bienestar, Crítica, Delincuencia, Desigualdad social, Estado social, Estudio comparativo, Estudio sociológico, Etnia, Exclusión social, Inclusión, Marginación, Pobreza, Política social, Prisión, Raza, Francia, EE.UU.
Resumen:
Apenas un año después de su llegada a las librerías anglosajonas, ya está disponible en español la segunda parte de la trilogía que el sociólogo Lo'c Wacquant ha dedicado a los mecanismos de control social del neoliberalismo rampante. Si en Los condenados de la ciudad (2007) exploraba el nexo entre clase y raza, en estas páginas dirige su atención al vínculo entre clase y Estado. El tercer volumen, Deadly Simbiosis: Race and the Rise of the Penal State (2009, aún sin traducir) examina cómo la división etnoracial intensifica la penalización, y cómo el Estado penal, a su vez, reconstruye la raza. Este Castigar a los pobres tiene en las políticas represivas un objeto de estudio primordial. De hecho, el libro puede leerse como un intento de comprender por qué en las últimas décadas la tasa de encarcelaciones se ha multiplicado por cinco en EE.UU., o cómo el discurso sobre la inseguridad ciudadana ha sido asumido por buena parte de la sociedad. Wacquant niega que este recrudecimiento de las políticas penales coincida por casualidad con el desmantelamiento del sistema del bienestar, el giro hacia la activación de las políticas de empleo y la precarización del mercado de trabajo. Ésta es, precisamente, la tesis central del sociólogo: que la oligarquía dominante utiliza las ‘nuevas’ políticas penales y sociales para asegurarse el control de las clases menos favorecidas. O dicho en sus propias palabras, que ambos instrumentos “trabajan conjuntamente para omitir a la población con problemas, forzándola a salir de la ayuda pública, por un lado, y manteniéndola encerrada, por otro, con objeto de empujarla, al final, hacia los sectores periféricos del creciente mercado laboral secundario” (pág. 408). Pese a lo rotundo de la conclusión, el autor advierte de que este paternalismo estatal de nuevo cuño no debe ser interpretado como mero producto de un plan preconcebido, sino como resultado de complejas dinámicas sociales.
Apenas un año después de su llegada a las librerías anglosajonas, ya está disponible en español la segunda parte de la trilogía que el sociólogo Lo'c Wacquant ha dedicado a los mecanismos de control social del neoliberalismo rampante. Si en Los condenados de la ciudad (2007) exploraba el nexo entre clase y raza, en estas páginas dirige su atención al vínculo entre clase y Estado. El tercer volumen, Deadly Simbiosis: Race and the Rise of the Penal State (2009, aún sin traducir) examina cómo la división etnoracial intensifica la penalización, y cómo el Estado penal, a su vez, reconstruye la raza. Este Castigar a los pobres tiene en las políticas represivas un objeto de estudio primordial. De hecho, el libro puede leerse como un intento de comprender por qué en las últimas décadas la tasa de encarcelaciones se ha multiplicado por cinco en EE.UU., o cómo el discurso sobre la inseguridad ciudadana ha sido asumido por buena parte de la sociedad. Wacquant niega que este recrudecimiento de las políticas penales coincida por casualidad con el desmantelamiento del sistema del bienestar, el giro hacia la activación de las políticas de empleo y la precarización del mercado de trabajo. Ésta es, precisamente, la tesis central del sociólogo: que la oligarquía dominante utiliza las ‘nuevas’ políticas penales y sociales para asegurarse el control de las clases menos favorecidas. O dicho en sus propias palabras, que ambos instrumentos “trabajan conjuntamente para omitir a la población con problemas, forzándola a salir de la ayuda pública, por un lado, y manteniéndola encerrada, por otro, con objeto de empujarla, al final, hacia los sectores periféricos del creciente mercado laboral secundario” (pág. 408). Pese a lo rotundo de la conclusión, el autor advierte de que este paternalismo estatal de nuevo cuño no debe ser interpretado como mero producto de un plan preconcebido, sino como resultado de complejas dinámicas sociales.
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