REFLEXIONAR LA IDENTIDAD PROFESIONAL COMO ESTRATEGIA DE PODER HACIA LA REPOLITIZACION DEL TRABAJO SOCIAL
Gorde:
GARCIA, S., REFLEXIONAR LA IDENTIDAD PROFESIONAL COMO ESTRATEGIA DE PODER HACIA LA REPOLITIZACION DEL TRABAJO SOCIAL. PORTULARIA. REVISTA DE TRABAJO SOCIAL, Vol. 9, no. 2 (2009), p. 113-122.
Erref.
166022
Kokapena:
SIIS R.1806 Archivo
Hitz-gakoak:
Crítica, Fundamentos, Identidad, Perfil profesional, Trabajador social, Trabajo social, España
Crítica, Fundamentos, Identidad, Perfil profesional, Trabajador social, Trabajo social, España
Laburpena:
Este artículo plantea un ejercicio de reflexión, y de autocrítica, sobre el tipo de identidad profesional que, en los últimos años, los y las trabajadoras sociales, en concreto aquellos dependientes directamente de la administración, han construido y asumido como propia del colectivo. Hay que comenzar aclarando que el autor conceptualiza la identidad como una estrategia de poder, en la medida en que, cuando un grupo profesional se autodefine, delimita sus competencias frente a ‘los otros’ con el objeto de aumentar sus ventajas. Estas ventajas son tanto de índole laboral y salarial como –no menos importantes– de estatus social. Con el afianzamiento de los servicios sociales, hemos asistido a un proceso de revalorización y, por tanto, de capitalización del desempeño de las funciones que caracterizan al trabajador social. Ahora bien –y ahí llega la crítica del autor–, dicha capitalización se ha producido en menoscabo de la interacción con la parte más desfavorecida de la sociedad. Es más, la autodefinición del trabajador social como un experto capacitado para intervenir sobre las personas excluidas exige, a su vez, definir a la ‘población excluida’ como un conjunto de personas incapaces e inadaptadas que necesitan de la intervención de las y los profesionales para abandonar su posición marginal. Como puede verse, este artículo recupera un debate que, no por antiguo, deja de tener absoluta vigencia: el que se establece entre el trabajador como agente de transformación social y el trabajador social como agente de reproducción social y, por lo tanto, cómplice en el mantenimiento de un statu quo que perpetúa las desigualdades sociales estructurales.
Este artículo plantea un ejercicio de reflexión, y de autocrítica, sobre el tipo de identidad profesional que, en los últimos años, los y las trabajadoras sociales, en concreto aquellos dependientes directamente de la administración, han construido y asumido como propia del colectivo. Hay que comenzar aclarando que el autor conceptualiza la identidad como una estrategia de poder, en la medida en que, cuando un grupo profesional se autodefine, delimita sus competencias frente a ‘los otros’ con el objeto de aumentar sus ventajas. Estas ventajas son tanto de índole laboral y salarial como –no menos importantes– de estatus social. Con el afianzamiento de los servicios sociales, hemos asistido a un proceso de revalorización y, por tanto, de capitalización del desempeño de las funciones que caracterizan al trabajador social. Ahora bien –y ahí llega la crítica del autor–, dicha capitalización se ha producido en menoscabo de la interacción con la parte más desfavorecida de la sociedad. Es más, la autodefinición del trabajador social como un experto capacitado para intervenir sobre las personas excluidas exige, a su vez, definir a la ‘población excluida’ como un conjunto de personas incapaces e inadaptadas que necesitan de la intervención de las y los profesionales para abandonar su posición marginal. Como puede verse, este artículo recupera un debate que, no por antiguo, deja de tener absoluta vigencia: el que se establece entre el trabajador como agente de transformación social y el trabajador social como agente de reproducción social y, por lo tanto, cómplice en el mantenimiento de un statu quo que perpetúa las desigualdades sociales estructurales.