MEDICALIZATION OF UNEMPLOYMENT: INDIVIDUALIZING SOCIAL ISSUES AS PERSONAL PROBLEMS IN THE SWEDISH WELFARE STATE

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HOLMQVIST, M., MEDICALIZATION OF UNEMPLOYMENT: INDIVIDUALIZING SOCIAL ISSUES AS PERSONAL PROBLEMS IN THE SWEDISH WELFARE STATE. WORK, EMPLOYMENT AND SOCIETY, Vol. 23, no. 3 (2009), p. 405-421.
Ref. 161802
Location: SIIS R.1320 Archivo
Palabras clave:
Desempleo, Discapacidad, Incapacidad, Inclusión social, Programas de inserción, Trabajo, Suecia
Abstract:
El uso de la terminología médica en el ámbito de las políticas sociales tiene una larga tradición. En los textos seminales del trabajo social, por ejemplo, es habitual encontrar conceptos como ‘diagnóstico’ o ‘tratamiento’, que reflejan, ante todo, un intento de alejarse de la filantropía y acercarse a la medicina, considerada entonces el paradigma científico por excelencia. Una vez que las disciplinas de la intervención social consiguieron afianzarse, este enfoque médico fue muy criticado, en especial por considerarse que reducía las cuestiones sociales a problemas personales. Sin embargo, la medicalización en las políticas sociales se ha mantenido como una estrategia recurrente, tal y como ilustra este artículo. Se trata de un estudio de caso sobre la actitud de parte del servicio público de empleo sueco frente a las personas en desempleo de larga duración. En el país nórdico, las políticas sociales han puesto el acento en los programas para personas con discapacidad y, más recientemente, en aumentar las posibilidades de los usuarios de encontrar trabajo. Interesado en cómo se aplican esas directrices, el autor del artículo entrevistó a profesionales de los servicios de empleo y consultó documentación sobre el funcionamiento de la red. Como resultado, Holmqvist denuncia una realidad considerada casi tabú en Suecia: que muchas personas con capacidad para trabajar en el mercado ordinario, pero con dificultades para encontrar un empleo –en particular, inmigrantes que todavía no dominan el idioma– son clasificadas como ‘discapacitadas ocupacionales’. Las “fuertes presiones” de los equipos sanitarios que los evalúan y las ventajas asociadas a esa categoría –empleo protegido, prestaciones económicas– explican, en opinión del autor, el elevado número de usuarios que terminan aceptando esa estigmatizante etiqueta, y ayudan a entender por qué el 20% de la población activa sueca padece oficialmente ‘desórdenes funcionales’. Pero este sorprendente estudio no sólo verifica la pervivencia de prácticas medicalizadoras en la intervención social. Revela, además, que las políticas de activación pueden dar lugar a mecanismos para encubrir el desempleo, encasillando a determinadas personas en una situación de inactividad o subempleo de manera completamente injustificada.