SMOKING, STIGMA AND HUMAN RIGHTS IN MENTAL HEALTH: GOING UP IN SMOKE?
Saved in:
WARNER, J., SMOKING, STIGMA AND HUMAN RIGHTS IN MENTAL HEALTH: GOING UP IN SMOKE?. SOCIAL POLICY AND SOCIETY, Vol. 8, no. 2 (2009), p. 275-286.
Ref.
160572
Location:
SIIS R.1690 Archivo
Palabras clave:
Abandono, Derechos humanos, Desigualdad social, Drogodependencias, Etiquetamiento, Reducción de daños, Salud mental, Tabaco
Abandono, Derechos humanos, Desigualdad social, Drogodependencias, Etiquetamiento, Reducción de daños, Salud mental, Tabaco
Abstract:
Desde que en 1992, en Estados Unidos se hiciera efectiva la prohibición de fumar en espacios públicos, en Europa se ha producido una progresiva convergencia en ese mismo sentido de las políticas contra el consumo de tabaco. Es sabido que la proporción de personas con enfermedades mentales que son fumadoras excede en mucho a la de la población general, y estas diferencias son todavía más notables en el caso de las personas diagnosticadas de esquizofrenia o trastorno bipolar. Inglaterra prohibió el consumo de tabaco en espacios públicos cerrados en 2006. La medida se hizo efectiva en el Servicio Nacional de Salud en 2007, con excepción de las unidades de salud mental, en las que la prohibición se pospuso un año. Esta situación provocó numerosos debates, a los que el presente documento pretende contribuir. La autora destaca los tres elementos más relevantes de esta discusión: el derecho del personal a estar protegido frente el humo de otros en su lugar de trabajo, el derecho de los usuarios del servicio de salud mental a escoger su estilo de vida y decidir si quieren fumar o no, y el derecho a un entorno seguro para las personas usuarias de este servicio que no son fumadoras. La revisión de estudios sobre el tema y un análisis bien argumentado de la situación llevan a interesantes conclusiones. Según éstas, las políticas contra el tabaco, tanto en el Reino Unido como en otros países, han generado un clima de antipatía y hostilidad hacia la sustancia y los propios fumadores, a quienes se estigmatiza y se identifica con ‘el otro’. La estrategia de los organismos públicos consiste en crear campañas que incidan en el fracaso personal y la debilidad moral de las personas que no dejan el tabaco, poniendo así el énfasis en el cese y no en la reducción de los daños. Para la autora, las políticas de sanidad han ignorado el simbólico y complejo papel que tiene el tabaco en los servicios de salud mental, y así, en lugar de tratar de reducir los daños en las personas fumadoras con problemas mentales, han contribuido a multiplicar su estigma social.
Desde que en 1992, en Estados Unidos se hiciera efectiva la prohibición de fumar en espacios públicos, en Europa se ha producido una progresiva convergencia en ese mismo sentido de las políticas contra el consumo de tabaco. Es sabido que la proporción de personas con enfermedades mentales que son fumadoras excede en mucho a la de la población general, y estas diferencias son todavía más notables en el caso de las personas diagnosticadas de esquizofrenia o trastorno bipolar. Inglaterra prohibió el consumo de tabaco en espacios públicos cerrados en 2006. La medida se hizo efectiva en el Servicio Nacional de Salud en 2007, con excepción de las unidades de salud mental, en las que la prohibición se pospuso un año. Esta situación provocó numerosos debates, a los que el presente documento pretende contribuir. La autora destaca los tres elementos más relevantes de esta discusión: el derecho del personal a estar protegido frente el humo de otros en su lugar de trabajo, el derecho de los usuarios del servicio de salud mental a escoger su estilo de vida y decidir si quieren fumar o no, y el derecho a un entorno seguro para las personas usuarias de este servicio que no son fumadoras. La revisión de estudios sobre el tema y un análisis bien argumentado de la situación llevan a interesantes conclusiones. Según éstas, las políticas contra el tabaco, tanto en el Reino Unido como en otros países, han generado un clima de antipatía y hostilidad hacia la sustancia y los propios fumadores, a quienes se estigmatiza y se identifica con ‘el otro’. La estrategia de los organismos públicos consiste en crear campañas que incidan en el fracaso personal y la debilidad moral de las personas que no dejan el tabaco, poniendo así el énfasis en el cese y no en la reducción de los daños. Para la autora, las políticas de sanidad han ignorado el simbólico y complejo papel que tiene el tabaco en los servicios de salud mental, y así, en lugar de tratar de reducir los daños en las personas fumadoras con problemas mentales, han contribuido a multiplicar su estigma social.
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