LA ESTRATEGIA EUROPEA DE EMPLEO: HISTORIA, CONSOLIDACION Y CLAVES DE INTERPRETACION
Enregistré dans:
DE PABLOS, J.C., MARTINEZ, A., LA ESTRATEGIA EUROPEA DE EMPLEO: HISTORIA, CONSOLIDACION Y CLAVES DE INTERPRETACION. REVISTA DEL MINISTERIO DE TRABAJO E INMIGRACION, no. 77 (2008), p. 77-133.
Ref.
156867
Localisation:
SIIS R.1299 Archivo
Palabras clave:
Desempleo, Historia, Planes de acción social, Planes de trabajo, Política de empleo, Política social, Trabajo, Unión Europea
Desempleo, Historia, Planes de acción social, Planes de trabajo, Política de empleo, Política social, Trabajo, Unión Europea
Résumé:
La construcción de la Unión Europea es un proyecto tan interesante y atractivo como difí- cil de llevar a cabo. El conjunto de procesos orientados a desarrollar una relación más estrecha presenta tales grados de innovación y de complejidad que no siempre es fácil seguir el hilo de las propuestas que emanan de las instancias europeas. En este texto vamos a tratar de ofrecer una panorámica de las acciones llevadas a cabo por las autoridades de la Unión Europea en el ámbito del empleo durante la última década, que son fundamentalmente dos: la Estrategia Europea de Empleo y la Estrategia de Lisboa, de planteamiento más global, que se entrelaza con la anterior. De hecho, pocas propuestas o declaraciones de la Comisión Europea se han hecho tan famosas, como las que emanaron de la Cumbre extraordinaria de Lisboa (marzo de 2000), que estableció el objetivo de hacer de Europa la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de crecer económicamente de manera sostenible con más y mejores empleos y con mayor cohesión social, y todo esto, con el horizonte temporal del 2010. Estas palabras han alcanzado un grado de permanencia en la conciencia colectiva que no han tenido otras propuestas, objetivos y directrices necesarios para lograr tan ambiciosa meta. Las directrices que emanan de Europa implican procesos enlazados .en fines y en medios., que a su vez tienen revisiones y redireccionamientos que modifican parcialmente numerosas propuestas, como veremos a continuación. Lo mismo sucede con la ambivalencia de expresiones como estrategia, que se usa con profusi ón en diferentes contextos y niveles. De hecho la Estrategia de Lisboa no es más que un gran objetivo .muy bien precisado. y un conjunto de pilares .económico, social y medio ambiental. que, a su vez, se concretan en diversos objetivos a corto plazo reformulados periódicamente. Si tenemos en cuenta que las cumbres europeas tienen lugar con una frecuencia semestral .como mínimo. y que a su vez, continuamente se perfilan y redefinen objetivos y directrices, se elaboran informes y comentarios, el resultado es un proceso complejo y relativamente difícil de seguir. De hecho, basta decir que la Estrategia Europea de Empleo (Cumbre de Luxemburgo, noviembre de 1997) es anterior a Lisboa, pero ha sido lógicamente modificada por ésta. Y es que, en el fondo, uno de los más importantes problemas de las sociedades contemporáneas es la necesidad continua de ser y permanecer siempre modernas y más modernas (Beriain, 1990), lo que las obliga a pensar y repensar cómo conducen sus recursos hacia determinados objetivos, que, a su vez, no pueden dejar de formular, como tampoco de articular los medios precisos para intentar conseguirlos. En suma, no hay una meta final o definitiva: primero, porque siempre quedan cosas por hacer, y segundo, porque el equilibrio es tan inestable que en cualquier momento .como de hecho sucede frecuentemente. se pueden venir abajo los logros alcanzados tras un gran esfuerzo, como consecuencia de cambios endógenos, exógenos o una mezcla de ambos.
La construcción de la Unión Europea es un proyecto tan interesante y atractivo como difí- cil de llevar a cabo. El conjunto de procesos orientados a desarrollar una relación más estrecha presenta tales grados de innovación y de complejidad que no siempre es fácil seguir el hilo de las propuestas que emanan de las instancias europeas. En este texto vamos a tratar de ofrecer una panorámica de las acciones llevadas a cabo por las autoridades de la Unión Europea en el ámbito del empleo durante la última década, que son fundamentalmente dos: la Estrategia Europea de Empleo y la Estrategia de Lisboa, de planteamiento más global, que se entrelaza con la anterior. De hecho, pocas propuestas o declaraciones de la Comisión Europea se han hecho tan famosas, como las que emanaron de la Cumbre extraordinaria de Lisboa (marzo de 2000), que estableció el objetivo de hacer de Europa la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de crecer económicamente de manera sostenible con más y mejores empleos y con mayor cohesión social, y todo esto, con el horizonte temporal del 2010. Estas palabras han alcanzado un grado de permanencia en la conciencia colectiva que no han tenido otras propuestas, objetivos y directrices necesarios para lograr tan ambiciosa meta. Las directrices que emanan de Europa implican procesos enlazados .en fines y en medios., que a su vez tienen revisiones y redireccionamientos que modifican parcialmente numerosas propuestas, como veremos a continuación. Lo mismo sucede con la ambivalencia de expresiones como estrategia, que se usa con profusi ón en diferentes contextos y niveles. De hecho la Estrategia de Lisboa no es más que un gran objetivo .muy bien precisado. y un conjunto de pilares .económico, social y medio ambiental. que, a su vez, se concretan en diversos objetivos a corto plazo reformulados periódicamente. Si tenemos en cuenta que las cumbres europeas tienen lugar con una frecuencia semestral .como mínimo. y que a su vez, continuamente se perfilan y redefinen objetivos y directrices, se elaboran informes y comentarios, el resultado es un proceso complejo y relativamente difícil de seguir. De hecho, basta decir que la Estrategia Europea de Empleo (Cumbre de Luxemburgo, noviembre de 1997) es anterior a Lisboa, pero ha sido lógicamente modificada por ésta. Y es que, en el fondo, uno de los más importantes problemas de las sociedades contemporáneas es la necesidad continua de ser y permanecer siempre modernas y más modernas (Beriain, 1990), lo que las obliga a pensar y repensar cómo conducen sus recursos hacia determinados objetivos, que, a su vez, no pueden dejar de formular, como tampoco de articular los medios precisos para intentar conseguirlos. En suma, no hay una meta final o definitiva: primero, porque siempre quedan cosas por hacer, y segundo, porque el equilibrio es tan inestable que en cualquier momento .como de hecho sucede frecuentemente. se pueden venir abajo los logros alcanzados tras un gran esfuerzo, como consecuencia de cambios endógenos, exógenos o una mezcla de ambos.