CIVIC NORMS AND ETIQUETTES REGARDING MARIJUANA USE IN PUBLIC SETTINGS IN NEW YORK CITY
Enregistré dans:
JOHNSON, B.D., ET AL., CIVIC NORMS AND ETIQUETTES REGARDING MARIJUANA USE IN PUBLIC SETTINGS IN NEW YORK CITY. SUBSTANCE USE AND MISUSE, Vol. 43, no. 7 (2008), p. 895-918.
Ref.
152399
Localisation:
SIIS R.830 Archivo
Palabras clave:
Acción contra las drogodependencias, Actitudes sociales, Cannabis, Drogas ilegales, Drogodependencias, Efectos, Policía, EE.UU.
Acción contra las drogodependencias, Actitudes sociales, Cannabis, Drogas ilegales, Drogodependencias, Efectos, Policía, EE.UU.
Résumé:
El manejo de sustancias psicoactivas tiende a estar regulado en todas las sociedades, y no sólo mediante normas jurídicas, sino también mediante estrategias más sutiles. Este artículo analiza los resultados de una investigación etnográfica de cinco años desarrollada en dos barrios de la ciudad de Nueva York con el objeto, justamente, de indagar en las reglas que ordenan el consumo y la venta de marihuana en esa metrópoli. Según el análisis aquí propuesto, existen tres marcos normativos que orientan, en mayor o menor grado, el comportamiento respecto a esta sustancia. En primer lugar, están las normas jurídicas, que, desde 1976 no penalizan ni uso ni la venta de marihuana en pequeñas cantidades en el espacio público. En segundo lugar, los autores colocan las normas cívicas, que prohíbe esas actividades en lugares públicos y semipúblicos (comercios, hostelería, oficinas). Finalmente, hay que contar con las normas de comportamiento elaboradas dentro de la subcultura de la marihuana y, en particular, aquellas que tienen en cuenta las expectativas de las personas ajenas a esa cultura (etiquette). La investigación pone de manifiesto que los consumidores neoyorquinos de marihuana ajustan su conducta a una serie de pautas informales, pero consensuadas, las cuales establecen que no se debe informar del consumo a allegados no consumidores, ni tampoco fumar en su presencia. El cumplimiento de esta norma, señala el estudio, viene sancionado por el deseo de los consumidores de evitar el estigma social que pesa sobre el empleo de la sustancia, y no por la acción de la Policía. Como ocurre a menudo con las investigaciones cualitativas, este trabajo no puede valorarse tanto por las incógnitas que despeja como por las preguntas que suscita y las vías que abre. En este sentido, los autores defienden que un mejor conocimiento del modo en que se articulan los diferentes marcos normativos referentes al consumo de marihuana podría servir a las autoridades para influir con mayor eficacia en el contenido de las normas de consumo propias de la subcultura de la marihuana. Además, sugieren que las organizaciones promarihuana podrían valerse de esos mismos códigos para fomentar el empleo de privado y moderado de la sustancia.
El manejo de sustancias psicoactivas tiende a estar regulado en todas las sociedades, y no sólo mediante normas jurídicas, sino también mediante estrategias más sutiles. Este artículo analiza los resultados de una investigación etnográfica de cinco años desarrollada en dos barrios de la ciudad de Nueva York con el objeto, justamente, de indagar en las reglas que ordenan el consumo y la venta de marihuana en esa metrópoli. Según el análisis aquí propuesto, existen tres marcos normativos que orientan, en mayor o menor grado, el comportamiento respecto a esta sustancia. En primer lugar, están las normas jurídicas, que, desde 1976 no penalizan ni uso ni la venta de marihuana en pequeñas cantidades en el espacio público. En segundo lugar, los autores colocan las normas cívicas, que prohíbe esas actividades en lugares públicos y semipúblicos (comercios, hostelería, oficinas). Finalmente, hay que contar con las normas de comportamiento elaboradas dentro de la subcultura de la marihuana y, en particular, aquellas que tienen en cuenta las expectativas de las personas ajenas a esa cultura (etiquette). La investigación pone de manifiesto que los consumidores neoyorquinos de marihuana ajustan su conducta a una serie de pautas informales, pero consensuadas, las cuales establecen que no se debe informar del consumo a allegados no consumidores, ni tampoco fumar en su presencia. El cumplimiento de esta norma, señala el estudio, viene sancionado por el deseo de los consumidores de evitar el estigma social que pesa sobre el empleo de la sustancia, y no por la acción de la Policía. Como ocurre a menudo con las investigaciones cualitativas, este trabajo no puede valorarse tanto por las incógnitas que despeja como por las preguntas que suscita y las vías que abre. En este sentido, los autores defienden que un mejor conocimiento del modo en que se articulan los diferentes marcos normativos referentes al consumo de marihuana podría servir a las autoridades para influir con mayor eficacia en el contenido de las normas de consumo propias de la subcultura de la marihuana. Además, sugieren que las organizaciones promarihuana podrían valerse de esos mismos códigos para fomentar el empleo de privado y moderado de la sustancia.