ASSESSING THE ROLE OF SYRINGE DISPENSING MACHINES AND MOBILE VAN OUTLETS IN REACHING HARD-TO-REACH AND HIGH-RISK GROUPS OF INJECTING DRUG USERS (IDUS): A REVIEW
Gardado en:
ISLAM, M.M., CONIGRAVE, K.M., ASSESSING THE ROLE OF SYRINGE DISPENSING MACHINES AND MOBILE VAN OUTLETS IN REACHING HARD-TO-REACH AND HIGH-RISK GROUPS OF INJECTING DRUG USERS (IDUS): A REVIEW. HARM REDUCTION JOURNAL, Vol. 4, no. 14 (2007), p. 1-9.
Ref.
148270
Localización:
SIIS R.1830 Archivo
Palabras clave:
Drogas ilegales, Drogodependencias, Efectos, Evaluación de servicios, Intercambio de jeringuillas, Literatura científica, Reducción de daños, Vía intravenosa, Panorama internacional
Drogas ilegales, Drogodependencias, Efectos, Evaluación de servicios, Intercambio de jeringuillas, Literatura científica, Reducción de daños, Vía intravenosa, Panorama internacional
Resumo:
La OMS calcula que un 10% de las nuevas infecciones por VIH se producen a causa del empleo compartido de material entre usuarios de drogas inyectadas, una práctica que, además, favorece la transmisión de los virus de la hepatitis C y B, mucho más contagiosos por vía sanguínea que el VIH. Por ello, proveer a estas personas de materiales desechables y hábitos de higiene específicos constituye un eje fundamental de toda política de salud pública que aspire a ser efectiva. Sin embargo, medidas habituales de reducción de daños, como los programas de dispensación de jeringuillas, quedan fuera del alcance de los consumidores de drogas inyectadas particularmente excluidos o que sufren un alto riesgo de exclusión social. En esta categoría, los expertos incluyen a usuarios aislados que gustan de trasladarse con frecuencia, a muchas mujeres, a personas sin techo o pertenecientes a minorías, a los usuarios encarcelados y a los más jóvenes (porque no suelen definirse como tales). Se trata, en suma, de individuos que no conocen los servicios sociosanitarios o que rehúyen de ellos por considerarlos inútiles o intrusivos. ¿Cómo llevar la reducción de riesgos a estas personas?. Este artículo se propone estudiar la efectividad de dos estrategias surgidas con el fin facilitar jeringuillas a esta población: las máquinas automáticas y los servicios itinerantes. De acuerdo con la búsqueda bibliográfica realizada por los autores –menos fructífera de lo que cabría esperar tratándose de medidas introducidas hacia 1985 y presentes en varios países–, los dos instrumentos han mostrado una notable eficacia. Las máquinas expendedoras respetan al máximo el anonimato de sus usuarios y están disponibles las 24 horas del día. Los programas itinerantes (en forma de autobuses o furgonetas) ofrecen algo menos de discreción, pero cubren mayores áreas geográficas, se adaptan rápidamente a las circunstancias cambiantes de un lugar, dan mayor protección a los profesionales que los atienden y permiten a los usuarios establecer contacto con personal sanitario, el cual les puede facilitar otros servicios (apoyo psicosocial, asistencia sanitaria básica, información, derivación). Los investigadores concluyen defendiendo la complementariedad de ambas herramientas entre sí y de éstas respecto a otros recursos de reducción de daños, empezando por los programas convencionales de dispensación de jeringuillas.
La OMS calcula que un 10% de las nuevas infecciones por VIH se producen a causa del empleo compartido de material entre usuarios de drogas inyectadas, una práctica que, además, favorece la transmisión de los virus de la hepatitis C y B, mucho más contagiosos por vía sanguínea que el VIH. Por ello, proveer a estas personas de materiales desechables y hábitos de higiene específicos constituye un eje fundamental de toda política de salud pública que aspire a ser efectiva. Sin embargo, medidas habituales de reducción de daños, como los programas de dispensación de jeringuillas, quedan fuera del alcance de los consumidores de drogas inyectadas particularmente excluidos o que sufren un alto riesgo de exclusión social. En esta categoría, los expertos incluyen a usuarios aislados que gustan de trasladarse con frecuencia, a muchas mujeres, a personas sin techo o pertenecientes a minorías, a los usuarios encarcelados y a los más jóvenes (porque no suelen definirse como tales). Se trata, en suma, de individuos que no conocen los servicios sociosanitarios o que rehúyen de ellos por considerarlos inútiles o intrusivos. ¿Cómo llevar la reducción de riesgos a estas personas?. Este artículo se propone estudiar la efectividad de dos estrategias surgidas con el fin facilitar jeringuillas a esta población: las máquinas automáticas y los servicios itinerantes. De acuerdo con la búsqueda bibliográfica realizada por los autores –menos fructífera de lo que cabría esperar tratándose de medidas introducidas hacia 1985 y presentes en varios países–, los dos instrumentos han mostrado una notable eficacia. Las máquinas expendedoras respetan al máximo el anonimato de sus usuarios y están disponibles las 24 horas del día. Los programas itinerantes (en forma de autobuses o furgonetas) ofrecen algo menos de discreción, pero cubren mayores áreas geográficas, se adaptan rápidamente a las circunstancias cambiantes de un lugar, dan mayor protección a los profesionales que los atienden y permiten a los usuarios establecer contacto con personal sanitario, el cual les puede facilitar otros servicios (apoyo psicosocial, asistencia sanitaria básica, información, derivación). Los investigadores concluyen defendiendo la complementariedad de ambas herramientas entre sí y de éstas respecto a otros recursos de reducción de daños, empezando por los programas convencionales de dispensación de jeringuillas.