BEHAVIORAL PREDICTORS OF SUBSTANCE-USE INITIATION IN ADOLESCENTS WITH AND WITHOUT ATTENTION-DEFICIT/HYPERACTIVITY DISORDER
I tiakina i:
ERNST, M., ET AL., BEHAVIORAL PREDICTORS OF SUBSTANCE-USE INITIATION IN ADOLESCENTS WITH AND WITHOUT ATTENTION-DEFICIT/HYPERACTIVITY DISORDER. PEDIATRICS, Vol. 117, no. 6 (2006), p. 2030-2039.
Ref.
146234
Tauwāhi:
SIIS R.788 Archivo
Palabras clave:
Adolescentes, Drogodependencias, Efectos, Enfermedades mentales, Factor de riesgo, Hiperactividad, Juventud, Trastornos de atención
Adolescentes, Drogodependencias, Efectos, Enfermedades mentales, Factor de riesgo, Hiperactividad, Juventud, Trastornos de atención
Whakarāpopotonga:
Existen tres trastornos psíquicos que se consideran habitualmente como facilitadores de la iniciación en el consumo de drogas entre la población adolescente: ansiedad, depresión y déficit de atención e hiperactividad (TDAH), sin que haya podido establecerse relaciones causales claras entre los citados trastornos y el propio consumo (es decir, si el consumo provoca los trastornos, si sucede a la inversa o si, como cabe también pensar, ambas situaciones se retroalimentan). Este estudio norteamericano cuestiona, parcialmente, esta tesis y pone de manifiesto que, en relación a la iniciación en el consumo (y no a eventuales situaciones de dependencia) no puede decirse al menos que exista relación entre el TDAH y el consumo de drogas. A partir de un seguimiento realizado durante cuatro años a 78 adolescentes norteamericanos (el 75% de los cuales había sido diagnosticado con TDAH) se encontró que no existía relación entre el diagnóstico de este trastorno e inicio en consumo de alcohol, tabaco o cannabis. Lo que sí existe es, según los datos del estudio, una relación clara entre algunos de los síntomas asociados a este síndrome y el inicio en el consumo: así, los consumidores de cannabis y de tabaco mostrarían tasas de agresividad significativamente más elevadas, mientras que en el caso de los consumidores de alcohol, los índices de impulsividad serían significativamente más altos. El policonsumo se asocia también a una mayor agresividad. Los autores señalan que los resultados de su estudio pueden ser útiles en lo que se refiere a la detección de adolescentes con mayor riesgo de inicio en el consumo, en la medida en que permiten centrar la atención en los adolescentes que experimentan estos síntomas y no, como se viene haciendo, en los que han sido diagnosticados con este trastorno.
Existen tres trastornos psíquicos que se consideran habitualmente como facilitadores de la iniciación en el consumo de drogas entre la población adolescente: ansiedad, depresión y déficit de atención e hiperactividad (TDAH), sin que haya podido establecerse relaciones causales claras entre los citados trastornos y el propio consumo (es decir, si el consumo provoca los trastornos, si sucede a la inversa o si, como cabe también pensar, ambas situaciones se retroalimentan). Este estudio norteamericano cuestiona, parcialmente, esta tesis y pone de manifiesto que, en relación a la iniciación en el consumo (y no a eventuales situaciones de dependencia) no puede decirse al menos que exista relación entre el TDAH y el consumo de drogas. A partir de un seguimiento realizado durante cuatro años a 78 adolescentes norteamericanos (el 75% de los cuales había sido diagnosticado con TDAH) se encontró que no existía relación entre el diagnóstico de este trastorno e inicio en consumo de alcohol, tabaco o cannabis. Lo que sí existe es, según los datos del estudio, una relación clara entre algunos de los síntomas asociados a este síndrome y el inicio en el consumo: así, los consumidores de cannabis y de tabaco mostrarían tasas de agresividad significativamente más elevadas, mientras que en el caso de los consumidores de alcohol, los índices de impulsividad serían significativamente más altos. El policonsumo se asocia también a una mayor agresividad. Los autores señalan que los resultados de su estudio pueden ser útiles en lo que se refiere a la detección de adolescentes con mayor riesgo de inicio en el consumo, en la medida en que permiten centrar la atención en los adolescentes que experimentan estos síntomas y no, como se viene haciendo, en los que han sido diagnosticados con este trastorno.