LA EXPERIENCIA DE LA INDEPENDENCIA
Guardat en:
MARAÑA, J.J., LA EXPERIENCIA DE LA INDEPENDENCIA. Madrid, DIVERSITAS EDICIONES, 2007, 132 p.
Ref.
145425
Localització:
DFB L-4043 DFA 63.3.17 M63.3.24(M) Archivo Depósito M4
Palabras clave:
Autonomía personal, Calidad de vida, Discapacidad, Entrevistas, Experiencias, Normalización
Autonomía personal, Calidad de vida, Discapacidad, Entrevistas, Experiencias, Normalización
Resum:
El autor se acerca a varias personas con diversidad funcional: física, sensorial y psíquica para que cuenten su experiencia vital. Son cuatro personas que podríamos decir que están en “busca y captura”; su cabeza tiene precio en forma de plaza residencial. Una característica común a casi todas es que han convivido con sus limitaciones desde que nacieron. Son mayores de edad y dirigen sus vidas; toman decisiones y se equivocan como todo el mundo. La diferencia con el resto de los ciudadanos está en el hecho de que por las limitaciones funcionales que impone el hábitat social en el que vivimos no pueden acceder a buena parte de los bienes y servicios públicos, o al menos en la misma medida y con la misma calidad que el resto de los ciudadanos. La participación en la vida comunitaria, social y cívica es fundamental para que todas las personas puedan ejercer los derechos humanos que les son inherentes. Negarles esta presencia en la sociedad es impedirles ejercer la autonomía moral y asumir riesgos y responsabilidades, con lo que se potencia su dependencia. Al convertirlos en sujetos pasivos, quedan al socaire de un modelo médico-rehabilitador en el que los primeros que no creen son los profesionales sanitarios.
El autor se acerca a varias personas con diversidad funcional: física, sensorial y psíquica para que cuenten su experiencia vital. Son cuatro personas que podríamos decir que están en “busca y captura”; su cabeza tiene precio en forma de plaza residencial. Una característica común a casi todas es que han convivido con sus limitaciones desde que nacieron. Son mayores de edad y dirigen sus vidas; toman decisiones y se equivocan como todo el mundo. La diferencia con el resto de los ciudadanos está en el hecho de que por las limitaciones funcionales que impone el hábitat social en el que vivimos no pueden acceder a buena parte de los bienes y servicios públicos, o al menos en la misma medida y con la misma calidad que el resto de los ciudadanos. La participación en la vida comunitaria, social y cívica es fundamental para que todas las personas puedan ejercer los derechos humanos que les son inherentes. Negarles esta presencia en la sociedad es impedirles ejercer la autonomía moral y asumir riesgos y responsabilidades, con lo que se potencia su dependencia. Al convertirlos en sujetos pasivos, quedan al socaire de un modelo médico-rehabilitador en el que los primeros que no creen son los profesionales sanitarios.