AGEING AND EMPLOYMENT: IDENTIFICATION OF GOOD PRACTICE TO INCREASE JOB OPPORTUNITIES AND MAINTAIN OLDER WORKERS IN EMPLOYMENT FINAL REPORT
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DIRECTORATE GENERAL FOR EMPLOYMENT, SOCIAL AFFAIRS AND EQUAL OPPORTUNITIES, AGEING AND EMPLOYMENT: IDENTIFICATION OF GOOD PRACTICE TO INCREASE JOB OPPORTUNITIES AND MAINTAIN OLDER WORKERS IN EMPLOYMENT FINAL REPORT. BRUSELAS, EUROPEAN COMMISSION, 2006, 253 p.
Ref.
142078
Location:
SIIS Archivo
Palabras clave:
Buenas prácticas, Consejo de Europa, Jubilación, Mercado de trabajo, Personas mayores, Personas mayores activas, Política de empleo, Política social, Unión Europea
Buenas prácticas, Consejo de Europa, Jubilación, Mercado de trabajo, Personas mayores, Personas mayores activas, Política de empleo, Política social, Unión Europea
Abstract:
Los cambios demográficos experimentados en el último decenio en la Unión Europea han producido un notorio envejecimiento de la población en edad de trabajar. La política comunitaria en materia de empleo no ha sido ajena a este desafío, y así, junto a los objetivos generales de incrementar la tasa de actividad y reducir las desigualdades en el mercado laboral, la Comisión Europea se ha propuesto también aumentar la permanencia de las y los trabajadores de más edad en dicho mercado. Se trata, en suma, de favorecer el envejecimiento en el trabajo (active ageing), garantizando para ello unas condiciones laborales apropiadas, la mejora del estado de salud e incentivos que hagan poco atractiva la jubilación anticipada. Estas medidas se conciben como complementarias de un ajuste de los sistemas de protección social –incluidos los sistemas sanitario y de pensiones– que asegure su sostenibilidad a largo plazo y coadyuve a que las personas de más edad prolonguen su vida laboral. Si bien ciertas reformas estructurales se antojan oportunas para alcanzar los objetivos descritos, esto último depende, en gran medida, de la habilidad de las organizaciones para gestionar a los trabajadores de edad avanzada. De ahí el interés de este estudio, que intenta identificar buenas prácticas que fomenten el desarrollo de oportunidades laborales para ese grupo social y promuevan su continuidad en el mundo del trabajo. A la hora de seleccionar las 41 buenas prácticas que constituyen el núcleo del informe, se ha procurado que en ellas estuvieran representadas diferentes tipologías de empresa (públicas, privadas, cooperativas), sectores productivos y perfil de los empleados (destrezas del puesto, sexo). Igualmente, se ha buscado la variedad geográfica, con iniciativas procedentes de once países comunitarios (Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, República Checa, Finlandia, Hungría, Lituania Países Bajos, Polonia, Portugal). Sin embargo, como a menudo sucede en este tipo de proyectos, la búsqueda de buenas prácticas se convierte casi en una exclusa para indagar en los desafíos a los que aquéllas responden. Tal es así, que en la edición del trabajo las iniciativas se han relegado a un anexo, cediendo su protagonismo a un estudio de contexto, en el que se analizan las fortalezas y debilidades de los marcos institucionales nacionales en los que operan las organizaciones que generan empleo, uniendo de esta manera las escalas meso y macro.
Los cambios demográficos experimentados en el último decenio en la Unión Europea han producido un notorio envejecimiento de la población en edad de trabajar. La política comunitaria en materia de empleo no ha sido ajena a este desafío, y así, junto a los objetivos generales de incrementar la tasa de actividad y reducir las desigualdades en el mercado laboral, la Comisión Europea se ha propuesto también aumentar la permanencia de las y los trabajadores de más edad en dicho mercado. Se trata, en suma, de favorecer el envejecimiento en el trabajo (active ageing), garantizando para ello unas condiciones laborales apropiadas, la mejora del estado de salud e incentivos que hagan poco atractiva la jubilación anticipada. Estas medidas se conciben como complementarias de un ajuste de los sistemas de protección social –incluidos los sistemas sanitario y de pensiones– que asegure su sostenibilidad a largo plazo y coadyuve a que las personas de más edad prolonguen su vida laboral. Si bien ciertas reformas estructurales se antojan oportunas para alcanzar los objetivos descritos, esto último depende, en gran medida, de la habilidad de las organizaciones para gestionar a los trabajadores de edad avanzada. De ahí el interés de este estudio, que intenta identificar buenas prácticas que fomenten el desarrollo de oportunidades laborales para ese grupo social y promuevan su continuidad en el mundo del trabajo. A la hora de seleccionar las 41 buenas prácticas que constituyen el núcleo del informe, se ha procurado que en ellas estuvieran representadas diferentes tipologías de empresa (públicas, privadas, cooperativas), sectores productivos y perfil de los empleados (destrezas del puesto, sexo). Igualmente, se ha buscado la variedad geográfica, con iniciativas procedentes de once países comunitarios (Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, República Checa, Finlandia, Hungría, Lituania Países Bajos, Polonia, Portugal). Sin embargo, como a menudo sucede en este tipo de proyectos, la búsqueda de buenas prácticas se convierte casi en una exclusa para indagar en los desafíos a los que aquéllas responden. Tal es así, que en la edición del trabajo las iniciativas se han relegado a un anexo, cediendo su protagonismo a un estudio de contexto, en el que se analizan las fortalezas y debilidades de los marcos institucionales nacionales en los que operan las organizaciones que generan empleo, uniendo de esta manera las escalas meso y macro.