MAKING THE DIFFERENCE IN SOCIAL EUROPE: DESERVINGNESS PERCEPTIONS AMONG CITIZENS OF EUROPEAN WELFARE STATES
Shranjeno v:
VAN OORSCHOT, W., MAKING THE DIFFERENCE IN SOCIAL EUROPE: DESERVINGNESS PERCEPTIONS AMONG CITIZENS OF EUROPEAN WELFARE STATES. JOURNAL OF EUROPEAN SOCIAL POLICY, Vol. 16, no. 1 (2006), p. 23-42.
Ref.
139346
Lokacija:
SIIS R.1171 Archivo
Palabras clave:
Datos estadísticos, Desempleo, Discapacidad, Edad, Enfermedad, Estado civil, Estado social, Estudio comparativo, Género, Literatura científica, Migración, Modelos, Opinión pública, Personas mayores, Política social, Solidaridad, Unión Europea
Datos estadísticos, Desempleo, Discapacidad, Edad, Enfermedad, Estado civil, Estado social, Estudio comparativo, Género, Literatura científica, Migración, Modelos, Opinión pública, Personas mayores, Política social, Solidaridad, Unión Europea
Abstract:
El funcionamiento del Estado del Bienestar se basa, sin duda alguna, en una distinta atribución del derecho a ser atendido en función del grupo social de pertenencia: tradicionalmente, se ha considerado que las personas incapaces de trabajar son verdaderamente merecedoras de servicios y prestaciones, mientras que a los capaces -para el trabajo, se supone- se reserva un nivel de servicios mucho menor. Este artículo del holandés Wim van Oorscht confirma, a partir de la Encuesta Europea de Valores, la pervivencia de esa escala de ‘méritos’ en 23 países europeos. El autor plantea hasta qué punto son merecedores del derecho a los servicios sociales los miembros de cuatro grupos -mayores, enfermos y discapacitados, desempleados e inmigrantes- y comprueba que, en todos los países y grupos sociales, los dos primeros colectivos son los que se consideran preferentemente merecedores de ser atendidos. Los inmigrantes, por el contrario, constituyen el grupo que en menor medida se considera merecedor de atención, hasta el punto de ocupar en el imaginario colectivo europeo, dice el autor, el papel de la población negra en los Estados Unidos, considerados allí por un sector de la población como parásitos del sistema. Los países en los que el grado de condicionalidad -es decir, la diferencia entre el derecho a ser atendido que se atribuye a unos grupos a otros- es mayor resultan ser los más pobres, los que registran tasas de desempleo menores y en los que existe un menor grado de confianza hacia las instituciones. Desde el punto de vista individual, la condicionalidad parece ser algo mayor entre las mujeres, las personas mayores, las de derechas y quienes tienen un nivel educativo más bajo. Los menos condicionales, por el contrario, parecen ser los que, sea cual sea su religión, acuden más frecuentemente al culto.
El funcionamiento del Estado del Bienestar se basa, sin duda alguna, en una distinta atribución del derecho a ser atendido en función del grupo social de pertenencia: tradicionalmente, se ha considerado que las personas incapaces de trabajar son verdaderamente merecedoras de servicios y prestaciones, mientras que a los capaces -para el trabajo, se supone- se reserva un nivel de servicios mucho menor. Este artículo del holandés Wim van Oorscht confirma, a partir de la Encuesta Europea de Valores, la pervivencia de esa escala de ‘méritos’ en 23 países europeos. El autor plantea hasta qué punto son merecedores del derecho a los servicios sociales los miembros de cuatro grupos -mayores, enfermos y discapacitados, desempleados e inmigrantes- y comprueba que, en todos los países y grupos sociales, los dos primeros colectivos son los que se consideran preferentemente merecedores de ser atendidos. Los inmigrantes, por el contrario, constituyen el grupo que en menor medida se considera merecedor de atención, hasta el punto de ocupar en el imaginario colectivo europeo, dice el autor, el papel de la población negra en los Estados Unidos, considerados allí por un sector de la población como parásitos del sistema. Los países en los que el grado de condicionalidad -es decir, la diferencia entre el derecho a ser atendido que se atribuye a unos grupos a otros- es mayor resultan ser los más pobres, los que registran tasas de desempleo menores y en los que existe un menor grado de confianza hacia las instituciones. Desde el punto de vista individual, la condicionalidad parece ser algo mayor entre las mujeres, las personas mayores, las de derechas y quienes tienen un nivel educativo más bajo. Los menos condicionales, por el contrario, parecen ser los que, sea cual sea su religión, acuden más frecuentemente al culto.